En los bolsillos también algunas frases escritas en signos desconocidas que pedí me escribieran antes de salir del hotel.
Miro esa hoja arrancada de la libreta de viaje, así empezó a escribirse: arrancando una parte y trazando como garabatos palabras ocultas en extrañas líneas curvas y rectas sin puntos, comas o espacios. Los primeros registros en ella eran incomprensibles para el que se suponía debería ser su cronista y contenían mucho mas que una dirección, necesitaban para que funcionaran de mi confianza.
Qué dirían esos signos? Cuantas cosas podrían estar escritas mas allá de mi voluntad y de mi comprensión en un lenguaje que en su origen cuando necesita negar no utiliza el “no” porque carece de esa forma discursiva.
No hay otra opción, he perdido algo y solo me queda confiar.
La caminata se transforma en un pequeño viaje a un templo en una colina cercana. Al rato me detengo aceptando la oferta de un té callejero, por lo visto a cambio de que el oferente sacie su curiosidad con el extraño y practique su inglés. Al tiempo la escena comienza a cambiar, menos gente, puertas que se empiezan a cerrar, pasos que se apuran.
Salvo por los puntos de inicio o final de los recorridos, aquí no hay paradas de colectivo, muy pocos tienen alguna identificación; el sistema se basa en los gritos que el cobrador del pasaje emite colgado del estribo anunciando el punto al cual se dirigen, por eso es necesario mi pequeña hoja de garabatos lineales.
Creo tener en mis bolsillos lo necesario. Antes de despedirme de mi interlocutor le pregunto sobre cómo moverme para mi tranquilidad en la vuelta, nada especial, como llegué debía volver sin precaución alguna. Miro el reloj, considero que hay tiempo, puedo caminar un rato más aprovechando incluso que alrededor el movimiento comienza a apaciguarse.
Así que, ya en el último intento de prolongar la conversación, le pregunto por su hora de cierre, y a qué hora pasa el colectivo para el regreso.
La respuesta se expresa como obvia: - “Cuando baja el sol”.
¿Y a que hora es eso? - le pregunto mirando mi reloj