Namasté (saludo a la divinidad de tu interior)
Cuarto día en Katmandú, mucho aquí en la calle es rezo y oración. Parece que los dioses no son conceptos remotos ni abstractos, mas bien seres presentes y muy influyentes; cada esquina, cada recodo de esta ciudad tiene un altar con su campana al que muchas veces budistas e indues rezan al pasar.
No solamente hay stupas, toles, gompas, placas, santuarios, templos, monasterios, imagenes, pilares, estatuas, relieves,altares, fuentes y estanques a cada paso que uno da en un espacio totalmente irregular donde no hay manzanas, ni veredas ni dirección para los autos ni nombre para las calles apenas algún semáforo en la avenida principal. Hay mercado.
Cada espacio, cada entrada en gran parte de la ciudad es lugar para mostrar lo que uno vende. Especies, tes, ropa, telas, piedras, adornos, legumbres, verduras, relojes, camaras, comida. Se puede pasar horas caminando por estrechos pasillos que dan a plazas escondidas donde hay mas y mas vendedores. Abren sus pequeñas puertas donde hay que agacharse para entrar y se sientan a esperar, acomodan sus balanzas o cocinan o sacuden con alguna tela sus productos intentando limpiarlos.
Todo es en la calle, pero pocas calles tienen un sentido definido, el que tiene una dirección se dirige hacia ella en auto, bicirrikshaws, moto, bicicleta o caminando por donde el camino lo permita, no hay peatones ni conductores.
Hay así un orden a descubrir.
Si se intenta entenderlo, se vuelve caótico.
Si se intenta comprenderlo se vuelve angustiante.
Si se intenta desafiar te encontrás ignorado.