Solo en una oportunidad acepte arrojar las monedas del I Ching, un poco por cortesía con quien me encontraba en ese momento; pero decididamente por lo que me encontré en la primera hoja del libro: el poema de Borges que encabeza este blog. El I ching o libro de las mutaciones es un libro oracular, enigmático, y supone un universo regido por el principio del cambio. No me quedó ni un recuerdo de aquellos oscuros párrafos que me leyeron del libro y que resultaron señalados como efecto de una extraña combinatoria de tres monedas arrojadas. Pero el título del capítulo leído se enlazo con algo: "El andariego" y he aquí el encabezamiento de estas notas escritas en viaje. Las entradas están ordenadas por país y en orden cronológico. En el cuerpo central están los escritos realizados a medida que se avanza en el camino. A izquierda fotos del lugar, curiosidades, sucesos del viaje y anécdotas. Las páginas están ordenados por país de algunos de los cuales solo hay registro fotográfico.

Bandipur


En cada ciudad, o cada pueblo sucede algo similiar y es facil observarlo cuando se es espectador. Escribo estas lineas mirando un viajero que esta poniendo sus pies por primera vez en este lugar. Mira, observa, descubre, se deja impregnar por su aire, aqui es muy facil. Se entra solo por una calle ya que no hay otra manera de subir la montania, el "colectivo", una diminuta camioneta donde todavia no me explico como entran 12 almas sentadas y 5 colgadas, termina su camino a la entrada del pueblo.
Cuando pregunte porque no hay autos ni siquiera motos me preguntaron:
-para que?
-y para....

Es que al entar por esa calle la unica empedrada, sin autos, sin motos ni bicicletas; con la gente afuera, porque el afuera de su casa es aqui dentro de su casa, aparece el desconcierto. Casas abiertas de tres plantas, abajo el negocio arriba el resto. La calle central se bifurca en cuatro de tierra en diferentes direcciones de acuerdo a como lo permita la montania. Zigzaguean subiendo y bajando, al alejarse unos pocos metros las casas son mas sencillas, sin el exquisito tallado de madera medieval ni los ladrillos de las primeras pero indudablemente con el mismo espiritu.

Con la puesta del sol la aldea se apaga, hay electicidad pero no hay alumbrado publico; solo en un sector se puede ver ya que hay un encargado de prender las velas alrededor del pequenio templo que esta al final de la calle frende al unico bar abierto y que tiene la exclusividad de la conexion telefonica a internet y...cierra a las 11 de la noche. Arriba, arriba, arriba, siguiendo una calle y subiendo unas largas escaleras el cuarto de hotel.

Aqui todo es a pie, la lenia para la cocina, el hospital, el vecino, el colegio, los amigos. En las agotadoras recorridas por los alrededores bajando y subiendo empinadas montanias es facil encontrarse con mujeres que cargando grandes trastos de lenia u hojas. Arman una especie de mochila que cuelgan de su cabeza que debe pesar mas de treinta kilos. En un descanso de una de las interminables escaleras que tiene este lugar, digo interminable porque 45 minutos de escalones se vuelven interminables; al cruzarme con un grupo de mujeres que estaban subiendo intente cargar sonrientemente un manojo de lenia. Imposible levantarlo mas de 10cm del suelo bajo la risa, ahora si burlona, de las ocacionales espectadoras, opte por la foto.

El escenario arma asi ese desconcierto que vi reflejado en aquel viajero que llegaba. Primero al arribar, por esas pocas calles con casas bajas a sus costados adornadas con increibles tallas de maderas y ladrillos. Luego a los dias por descubrir y entender la forma en la que viven; sin luz en las calles, sin television, sin internet pero seguramente con otras cosas.
Luego las preguntas, pero preguntas solo nuestras:
No se les ocurrio....porque no...? no seria mas facil si.... pero?....si....para que?...

Como hasta ahora las preguntas solo nos alejan de ellos.Es solo ver el trabajo de subir un manojo de lenia durante varias horas y sentirlo de alguna manera injusto, las puertas abiertas de las casas, la luz de las velas que se encienden al atardecer en el templo y son la unica iluminacion en la calle, los chicos jugando con trompos caceros de madera, los adolescentes sonrientes en la calle.